miércoles, 11 de octubre de 2017

Ellos se lo guisan y ellos se lo comen

Hace unos meses, en el texto “Juzgado de Guardia”, te trasladaba mi perplejidad ante la constitución de un préstamo hipotecario en mi país, empujando al prestatario a la contratación de un seguro de vida, cuya cobertura teóricamente es el capital pendiente. Escribía lo de “teóricamente”, porque en la práctica, si no se comunica la revisión de la cobertura de forma periódica, puede pasar que se termine de pagar el préstamo y la cobertura del último periodo siga siendo igual a la del primero.

No obstante, el mayor escamoteo viene de la mano de las “primas únicas”, cuyo importe se satisface de una sola vez y por adelantado. Pero si ya es abusivo que te “obliguen” (posición de poder) a contratar esos productos con empresas de la corporación financiera, más grave es que el banco, en vez de dirigirse contra la compañía de seguros, se dirigiera contra los “indefensos” herederos, ante el silencio cómplice del legislador de turno.

Te lo refresco, porque, vía FACUA, “Bancos ocultan la existencia de seguros de vida para reclamar a herederos el pago de sus hipotecas”, ayer leía a Manuel Marraco en El Mundo que “El Tribunal Supremo denuncia un nuevo tipo de abuso bancario con las hipotecas”. Por lo visto, el Presidente de la Sala Civil del Tribunal Supremo de España, el Excmo Sr. D. Francisco Marín Castán, alertaba del abuso producido al fallecer el hipotecado y, en vez de recurrir la entidad financiera a la cobertura del preceptivo seguro contratado por el fallecido, caso que no se sigan atendiendo las cuotas, activan directamente la ejecución hipotecaria, pasando tres pueblos de los herederos y sus derechos, así como del rol de beneficiario del seguro. 

Esta denuncia la expresó Marín Castán en la “Cumbre Española de la Confianza”, foro que ya te referencié en el texto ¿En quién o en qué deposito mi Confianza? Igualmente, lo anterior ya te lo insinué indirectamente en agosto en el texto linkeado en el primer párrafo, al contarte la situación vivida por una familia cuando el padre murió. Mediante artimañas, la entidad financiera recupera el inmueble o sigue cobrando de los herederos, mientras que la aseguradora se va de rositas. Acudiendo al refranero: “Ellos se lo guisan y ellos se lo comen” (Fuente de la imagen: pixabay).

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