domingo, 8 de octubre de 2017

El peso de una etiqueta

Si eres follower de este sitio, por textos como “Más trasluz contable”, “Más, mejor y en menos tiempo” o “Práctica contable”, conoces mi experiencia docente en materia de la última reforma contable española que se inició hace ahora una década. Comisiones de estudio, jornadas, cursos… en torno a los borradores del, entonces, futuro nuevo plan general de contabilidad que finalmente se aprobó en diciembre de 2007 y entró en vigor en 2008. Gran parte de 2007 y 2008, siempre que podía compaginar la agenda de socio de la entidad de riesgo M Capital y consejero delegado de Interempleo Andalucía, me lo tiré asesorando a PYMEs en la transición contable e impartiendo docencia sobre la materia (cursos y jornadas…) por el país, sobre todo en las plazas de Málaga, Granada, Sevilla, Madrid y Valencia. Pues bien, en el Colegio de Economistas de Málaga, donde impartí una de estas acciones formativas, conocí a José Luis, uno de los alumnos aventajados (creo que sabía más que el profesor), con el que entablé una cordial relación. Por aquellos tiempos, el querubín que nos había encomendado la providencia, era más bien recién serafín y, claro, al padre se le iba la olla hablando de su angelito. Probablemente, José Luis, leyendo entre líneas, me propuso un día que le acompañara a una sesión informativa de una asociación de niños con altas capacidades (ASA Málaga), que estaba el hombre intentando sacar adelante. Decliné la invitación porque la agenda de aquellos días estaba bastante ajustada y porque realmente no capté el por qué José Luis me invitaba. El viernes pasado, en el inicio de los talleres de ASA Málaga, donde estamos asociados, me encontré con mi exalumno y caí en la cuenta y, en cierto modo, me arrepentí de no haber aceptado su envite hace una década, porque muy probablemente se le hubiera detectado mucho antes a mi ya angelote sus reales capacidades, no se hubiera aburrido tanto en el colegio y la dinámica relacional, con casi toda seguridad, habría sido distinta y más favorable a sus necesidades pedagógicas. Pero más vale tarde que nunca (una inmensa alegría saludarte, José Luis).

En cuanto a las altas capacidades intelectuales, no hace mucho, en el explícito texto “Altas capacidades”, te trasladaba mi sentimiento acerca de que todos los niños y niñas nacen superdotados y somos los "adultos" los que los vamos convirtiendo en “adultos” y no en “personas” que aprovechan al máximo la tremenda potencialidad intelectual con la que nacieron. Para el profesor Coks Feenstra, Altas Capacidades Intelectuales, ACI, son esas aptitudes eruditas de carácter innato en las personas, que propician innumerables características expresas de su individualidad y, a la vez, diversidad. José Luis edita el sitio “El incansable aspersor”, que recientemente ha cumplido el centenar de textos editados (Ver “Centenario aspersor”). Una de las temáticas sobre las que escribe es, precisamente, sobre las altas capacidades intelectuales. Además de contar la historia de las Altas Capacidades en España, que sugiero su lectura para conocer su vía crucis (ver Memoria AACC en España I, II y III), son interesantes todos los textos porque, de alguna forma, desmitifica el concepto, activa la alarma sobre la necesidad de tratamiento y levanta y mantiene la bandera de la lucha para que la administración pública se sensibilice y adopte las medidas necesarias. Para finalizar, y a título orientativo, me voy a centrar en una de sus últimas publicaciones, titulada “Ser o tener. Las etiquetas en las altas capacidades”, que también me ha gustado. El autor reflexiona sobre el peso de una etiqueta y, en su caso, las expectativas de cumplimiento que suponen un peso añadido a esa etiqueta. Para José Luis, “un mal uso de una etiqueta puede generar un daño importante en una persona o en sus relaciones con los demás. Y es aquí donde debemos pensar seriamente qué tipo de expresiones vamos a usar cuando tratamos con personas que TIENEN ciertas habilidades cognitivas destacadas”. Termina apuntando que “las etiquetas pueden ser importantes solo como un MEDIO para conseguir una adecuada atención educativa DENTRO DEL AULA, o para una adecuada atención psicosocial FUERA DEL AULA. Las etiquetas no son un FIN. Y nunca serán capaces de definirnos al completo como personas. Somos mucho más que una simple etiqueta” (Fuente de la imagen: pixabay).

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