jueves, 10 de agosto de 2017

Inexistente modelo de turismo sostenible

Si eres follower de este sitio, conoces que en más de una ocasión he tratado el tema del turismo en general y el de los apartamentos turísticos en específico. En el ya comentado “La industria del turismo”, transcribía mi mantra respecto a esta cuestión: “la única industria que nos queda en España es el turismo”. El legislador andaluz, al menos de presumible “boquita pa fuera”, expresa que este tejido económico “se configura como la actividad del sector servicios que mayores repercusiones, en términos de renta y empleo, genera en Andalucía, constituyendo un recurso de primer orden que se encuentra en constante dinamismo y siendo, durante las últimas décadas, una de las principales palancas dinamizadoras de nuestro crecimiento y desarrollo socioeconómico”. En mi comunidad autónoma, aunque en el peor de los casos sea de cara a la galería, se pretende “alcanzar una calidad integral en los diversos servicios, establecimientos y destinos turísticos, incorporando la accesibilidad como objetivo a alcanzar en las estrategias de actuación” (Fuente de la imagen: pixabay). 

Y las cifras que se van generando en España en lo que llevamos de año, corroboran eso de “la única industria”. Según el Ministerio de Turismo, el gasto de los turistas internacionales en España en los seis primeros meses de 2017 alcanzó los 37.217 millones de euros, lo que supone un incremento del 14,8% respecto al mismo periodo del año anterior, según la Encuesta de Gasto Turístico (EGATUR), realizada por el Instituto Nacional de Estadística. Reino Unido, con 7.548 millones de euros, se situó como primer emisor de gasto (20,3% del total), seguido de Alemania, con 5.361 (14,4%), y de países nórdicos, con 3.232 millones (8,7%). En cuanto a las comunidades autónomas de destino, Cataluña fue la que obtuvo un mayor volumen de gasto, 8.187 millones de euros, un 14,8% más que en mismo semestre de 2016. Esto supuso un 22% del total. Canarias contabilizó 7.907 millones, un 13% más, lo que significó captar el 21,2% del total. Le sigue Andalucía, con 5.614 millones que suponen un aumento del 12,3% y un 15,1% del total. El resto de las comunidades de destino principal presenta tasas de variación positivas. En el mes de junio, los turistas internacionales gastaron 8.982 millones de euros, lo que supone un incremento del 14,9% respecto al mismo mes de 2016.

Por todo lo anterior, me entristecen y preocupan las noticias sobre las protestas de determinados colectivos hacia este flujo de turismo de masas, aunque sea una presunta o quimérica tabla de salvamento económico. En mi opinión, tienen razón los que abogan por la “democratización del turismo” y el ofrecimiento de agradable estancia al turista que incremente su nivel de satisfacción, el cual viene determinado por “la experiencia global que se obtiene, no sólo de los servicios turísticos prestados sino, junto a ello, de todo el conglomerado de elementos relativos al entorno; la ordenación del turismo tiene, pues, una significativa dimensión territorial, ambiental y paisajística”. Pero también hay que escuchar a los que sufren ese turismo de masas y a los que entienden que con sus impuestos no deben sufragarse el arreglo o sustitución del tremendo desgaste que sufren las infraestructuras en general por un presunto turismo salvaje o desbocado. Creo que estamos cayendo en un error mucho mayor que el que se registró en la Costa del Sol en la década de los sesenta y setenta del siglo pasado, puesto que ahora no sólo se encuentra en peligro la calidad del servicio que se ofrece, sino la conciencia económica y social de un pueblo, que sufre las consecuencias de un inexistente modelo de turismo sostenible y armonizado con los recursos físicos, culturales, sociales y emocionales del país.

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