domingo, 18 de junio de 2017

Una mata, toda buena

Sobre la hierbabuena escribe el almeriense Francisco Córdoba Felices, en “Poesías de Papico”: “Una mata campera, que por los campos se cría, una mata, toda buena, aliviando así las penas, a quienes le toca y la mira”. Junto al perejil (ver ¡Aquella brizna!), la mentha spicata, distinguida popularmente como hierbabuena o yerbabuena, es una hierba aromática que me ha acompañado desde pequeño. Te dejo en el encabezado del texto una instantánea de un manojo, obsequio de Alonso (Gracias) y proveniente de su fértil huerto (que, por cierto, ya no lo tiene en Molière: ver “El huerto de Molière”).

Leo en la inmensa biblioteca virtual, que el uso medicinal de esta planta es arcaico. Parece que Carlomagno, en su orden Capitulare de villis vel curtis imperii, reclamaba a sus gobernadores para que se cultivara en el imperio una serie de hierbas y condimentos, entre los que se encontraba la hierbabuena. El caso es que contiene propiedades medicinales ventajosas, como pueden ser antiespasmódicas, carminativas, antisépticas, analgésicas, antiinflamatorias y estimulantes. También, parece que se utiliza en tratamiento leve de hirsutismo. ¡Ah! Sus propiedades antiandrogénicas someten a la testosterona.

Decía Federico (poema “Balcón”): “Entre la albahaca y la hierbabuena, la Lola canta saetas”. En la cultura popular se dice que relaja, facilita la digestión, atenuando los gases, y es buena como expectorante. En cuanto a la gastronomía ¡Cómo no voy a rememorar la hoja de yerbabuena que mi madre apostaba en la sopa del cocido! Ya te escribía sobre ello en “Sopa de pan con hierbabuena para el alma”. Además de su sabor en el puchero, me gusta junto al té ¡Y qué decir de los mojitos preparados por Manuel! A continuación, inserto un vídeo, alojado en Youtube cortesía de autoviacatodica, con impresiones de la hierbabuena.

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