jueves, 30 de enero de 2014

Cálido patrocinio

Ayer, después de editar el post y antes de lanzarme a la jungla de asfalto a cazar, me introduje en el chándal y me fui a quemar unas pocas de las calorías que, al igual que Vicente (ver comentario de "Sí puedorl"), he atesorado en estas últimas semanas, haciendo como que estudiaba y arrasando todo lo que contenía el frigorífico. Estilo "Footing meditabundo" (pero escuchando a Eddy Grant: "Tras el corazón verde"), me puse el impermeable porque, además de frio, lloviznaba. No llevaría diez minutos jadeando cuando me cruzo con una señora, también trotando, pero en vez de impermeable portaba un paraguas.

La lluvia y el paraguas me transportaron a un momento de la niñez, de seis a ocho años, cuando cuidaba cerdos, porquero, de "puercos" en el argot serrano (ver "Pastor y porquero"). Caía un buen chaparrón maridado con un helado viento, hacheado, por lo que, a riesgo de sufrir una reprimenda verbal y posterior paliza del progenitor, tuve que distraer la atención de los animales y guarecerme del diluvio en una desvencijada sombrilla, con algunas varas varillas estropeadas, utilizándola a modo de tienda de campaña. Al rato, por alguna extraña razón, el frío había desaparecido, que no la lluvia.

Salvado el aguacero, decidí levantar el improvisado campamento y prepararme para buscar y rejuntar a la piara (diez o doce porcinos, no más). Cuando cierro el paraguas, la sorpresa fue mayúscula. Estaban todos los cerdos formando un círculo con sus frentes en torno a mi espacio vital, generando calor circunstancial, cálido patrocinio porcino, que muy probablemente atenuó sobremanera el frío hábitat, generando un confortable microclima que protegía de la borrasca. 

Casi me topo con el hocico del animal que tenía enfrente, no pudiendo evitar hundirme en la profundidad y limpieza de sus ojos, sensación que no olvidaré mientras tenga uso de razón. Te puedo garantizar que la mirada no era como la de esos otros, mal llamados, “cerdos” que percibimos en los medios de comunicación, mientras entran - salen de los juzgados, empresas e instituciones o difunden mentiras, falsos testimonios y otras gravedades ante cámaras y micrófonos, ya sea en tribunas, entrevistas, reportajes, púlpitos, estrados, congregaciones, mítines o tertulias. 

Fuente de la imagen: collage elaboración propia a partir de un dibujo realizado en 1984 que acompañaba al capítulo “Actividad Ganadera” del trabajo de investigación “La Serranía de Ronda: Estudio socioeconómico” (ver post “Trazos del pueblo”).

4 comentarios :

  1. Me ha recordado las historias que me contaba (y me cuenta) Justo Nieto, que comenzó su carrera profesional de bien chico como cabrero en una aldea murciana. El maestro del pueblo convenció a sus padres para que estudiara y, sin dejar de ayudar en casa acabó (por ahorrarnos extensión) siendo Rector de la Universidad Politécnica de Valencia casi veinte años. Aquel tiempo con las cabras no lo olvidaba nunca y se lamentaba cuando los humanos eran más animales que los propios animales.

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  2. Te imagino y me entran ganas de cobijaros con una "linda" manta a ti y a esos cerditos igualmente "lindos", querido Manuel. Un besito.

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  3. Eran otros tiempos, Vicente. La vida también era dura, pero el niño no era consciente de esa dureza y algunas experiencias son impagables.

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  4. Gracias, ms, por tu visita y comentario.

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel