martes, 9 de diciembre de 2008

Deflación

En el mes de febrero de este año, escribía en el blog sobre la deflación de un coche de Fernando Alonso (ver post Juguete de saldo) y desde hace unas semanas leo en distintos medios de comunicación, sobre los efectos negativos de la “deflación”. De la lectura de los textos, no hay que ser entendido en la materia para, fácilmente, separar el grano de la paja, es decir, los autores que prestaron atención a una básica y corta clase de Economía, similar a la de mi asignatura de primero de Empresariales, donde se les explicó el término, o se han mínimamente informado y documentado, de aquéllos otros peregrinos desinformados o presuntamente untados para redactar lo que escriben, o escuchar campanas y … ya se sabe.

No voy a rememorar lo explicado en el post
Destrucción creativa, sólo preguntarte cómo no puede haber deflación en los hinchados precios de la vivienda y en aquellos otros productos y servicios que cotizaban por encima de su relativo valor real. En mi opinión, a la deflación hay que temerla lo mismo que a la inflación, pero ¡por favor!, como resulta que pierden los promotores de los precios hinchados, pues hay que seguir, a pie puntillas, los dictados de tal o cual organización que, a lo antes muerta que sencilla, dice que antes de bajar los valores del producto, se los da a la entidad financiera. Más seriedad periodística. ¡Manuel, no seas utópico!, pensarás.

Cierto, que la deflación descentrada, al igual que la inflación desbocada, nos llevaría a un círculo vicioso. El ejemplo más claro de deflación es el vivido a partir del crack bursátil de 1929 y la Gran Depresión. Ejemplos de inflación los tenemos a espuertas. Se les achaca a los economistas que temen a la deflación más que al diablo. Se equivocan o tergiversan las personas que piensan o escriben en esa línea. Los que temen a la deflación más que al demonio son los chapuzas, especuladores, temporeros, políticos corruptos y advenedizos de cualquier sector, que no pueden manipular, trapichear y ajustar los precios de forma artificiosa o irreal. Que tengas una buena semana (gráfico del índice Dow Jones, después del crack de 1929; fuente: Wikipedia).