martes, 16 de enero de 2007

Pastor y porquero

Antes de escribir este post, me he pasado por la ficha del vídeo de presentación hospedado en You Tube. No sé si las 400 visualizaciones y pico que lleva registradas en estos días son pocas o muchas, pero han superado todas mis expectativas. También sigo recibiendo críticas. Por ejemplo, Chenco, de ADAS, me dice que es francamente mejorable (ver comentario aquí); Orquídea, del blog soyunaorquidea, escribe que estoy genial (ver comentario aquí); etc.

Gracias, muchas gracias. Realicé tres tomas. La primera es la que cargué en You Tube, ya que la segunda me entró la risa tonta y la tercera me salió demasiado extensa, seria, robótica y puesta. La próxima vez redactaré un guión para no repetir varias veces una frase o palabra, pero ahora me alegro de la elección y he decidido mantenerlo público. ¿No ha sido perfecto? Según se mire. Intentaré explicarme en los siguientes párrafos.

He tenido la oportunidad de participar en más de una selección de personal como candidato, pero también, en varias ocasiones, el departamento de RRHH de la empresa en la que colaboraba solicitaba que actuara de observador y asesor en entrevistas. En esos casos, propiciaba un ambiente complementario y distinto al despacho, sala de juntas o mesa de reuniones, dependiendo del puesto y de los datos técnicos previos que se me facilitaba.

Por ejemplo, invitaba al aspirante a comer en un restaurante o a dar un paseo en su coche o ambas cosas, eso sí, indicándole previamente que era parte del proceso de selección. Con esto, pretendía quitarle el traje que nos enseñan a ponernos desde la universidad hasta las bienhechoras asesorías de imagen (cómo actuar en los vídeos y encuentros formales con el entrevistador, qué no decir, etc. ) y percibir la verdadera vestimenta profesional y humana, siempre desde el más profundo respeto a la intimidad.

En este sentido, opino que debemos ser educados, proactivos y profesionales, pero no enlatarnos y dar muestras de lo que no somos, siendo insinceros, hipócritas, farsantes, fingidores y comediantes. Cierto que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” (ver post "Estimación sincera"), pero, metafóricamente hablando, un maquillaje excesivo, unos modales aprendidos y unos ángulos bien escogidos pueden retrasar sobremanera la detección del mono que llevamos dentro, perdiendo tiempo y dinero.

En cuanto a lo que hay o no hay que decir en una entrevista, “ancha es Castilla”. En mi caso, considero que actividades como la de pastor de ovejas o porquero de cerdos, me sirven hoy en día para entender enfoques organizativos y proponer soluciones. Por ejemplo, en aquellos tiempos, me gustaba observar el comportamiento del animal en manada o solo; sus reacciones, sus emociones, su papel en la Naturaleza; o cuando llegaba la navidad y algunos cerdos, los elegidos, eran sacrificados en el ritual de la matanza, mi corazón y mi cerebro se enfrascaban en una profunda disputa emocional que duraba días, por más cogotazos que mi hermano me daba para sacarme de ese ensimismamiento, reflexión y tristeza infantil.

Sí, el ciclo de la vida, lo sé. Lo que quiero expresar con esos ejemplos puntuales es que en lo que a mí respecta, todo ha influido positivamente en lo que soy hoy, a nivel profesional, se entiende, y me ha posibilitado una fuente de conocimientos y experiencias, cada vez más amplia, a la que en ocasiones recurro como táctica y recurso adicional en el análisis de temas empresariales y en la toma de decisiones.

Finalmente, a la par que me gusta recordar mis raíces, las considero parte importante de mi bagaje laboral. Por eso, a riesgo de que me descarten a la primera o sea motivo de risillas u otros desajustes protocolarios, siempre empiezo una entrevista de esta forma: “Necesidades familiares propiciaron el inicio de mi actividad laboral a la temprana edad de 10 años, como pastor y porquero…” Post relacionados: Mi presentación en You Tube, ¿Ejecutivo monista?, CIBERAMOR. Fuente de la imagen: realización propia.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel