sábado, 15 de julio de 2006

La Familia

El debate abierto en nuestro país ¿o en el mundo entero? desde hace un tiempo ¿o desde siempre? entorno al concepto “familia”, que tiene como colofón la reciente visita del Papa Benedicto XVI a Valencia, genera desasosiego y cierta consternación en mi alma. 

Parecerá una futilidad, ligereza o escasa personalidad, pero en mi opinión hay un fondo de conocimiento y razón en lo que piensan las distintas corrientes demócratas de pensamiento político y religioso.

Por ejemplo, leo en ABC lo que dice Benedicto XVI: 

La Iglesia no puede dejar de promover el valor fundamental de la familia. 

Por su parte, el Rey afirma también que 

la familia es núcleo esencial de la vida. 


La sociedad española es culturalmente católica y sus referencias de identidad colectiva y familiar consisten en una secularización de ritos, hábitos y prácticas religiosas que siguen vivas en nuestro tiempo.

Podríamos seguir.

El País comenta que 

el Papa dejó en España un mensaje conciliador. Su viaje a Valencia sirvió para subrayar la inmensa importancia que la Iglesia atribuye a la familia, pero también para demostrar que es posible defender la fe y el modelo de sociedad católicos sin desafíos ni amenazas apocalípticas. Su actitud positiva logró enlazar dos objetivos que parecían incompatibles: ofreció cooperación al Gobierno español, pese a todas las divergencias, y a la vez animó a los obispos (con más discreción de lo que algunos deseaban) a seguir proclamando "al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad”. 

Podríamos seguir.

¿Qué entiende un político por familia? Algunos profesionales de la política se apropian del concepto familia para, supuestamente, simbolizar su programa y sus significaciones ancestrales. 

Por su parte, el economista la considera como una asociación de personas, a través de vínculos naturales, con posibilidad de consumir, construir y hacer avanzar económicamente a la Sociedad. 

El religioso podría añorar el regreso a los buenos tiempos de antaño, cuando la familia era sagrada (todo tiempo pasado fue mejor, diría). 

El agnóstico le preguntaría al religioso si eran tan benignos esos tiempos lejanos que añora. 

El pacifista le indagaría al religioso, al sociólogo y al político si los miembros de la familia estuvieron internamente exentos, en algún momento de su historia, de brusquedad, postergación, maltrato, abandono, coacciones moralizadoras espantables, etc. 

El freudiano la consideraría como un manantial de donde mana el temperamento, la individualidad y la singularidad. 

Conozco familias con un frontispicio de prosperidad y sensatez que encubre, presuntamente, malos tratos y desamparo. Conozco familias en las que tras una fachada social de cierta brusquedad en sus relaciones ¿o sinceridad? se esconde mucho amor y cariño entre sus miembros. 

Reconozco mi limitación intelectual y mi impotencia en el raciocinio sobre la Familia y, por ahora, me refugio en la definición de Thomas Moore, 

la familia es el nido donde nace el alma, donde se alimenta y desde donde se la deja en libertad para entrar en la vida.

(Formato de texto cambiado posteriormente. Fuente de la imagen: sxc.hu).