lunes, 15 de mayo de 2006

¡Ponga un sello en su vida!

O una joya en su corazón, como decía la publicidad del gremio de joyeros. Estoy un tanto desorientado con las declaraciones de los agentes políticos en el reciente fiasco financiero-filatélico. Os contaré primero una historia que tuve la oportunidad de vivir en primera persona y luego escribiré mi reflexión. Hace años, un conocido empresario en ciertos sectores estratégicos me pidió que asistiera a una entrevista con el órgano de administración de una, catalogada por Hacienda, gran empresa, de la que era consejero, para un posible proyecto de reorganización empresarial. Después de las preceptivas reuniones de selección, se decidieron por mi perfil profesional y acordamos la participación. Acepté el proyecto por tres razones: porque éste pertenecía a un sector empresarial que no conocía directamente, porque me motivaba el trabajo comercial a realizar y porque me quitaba durante un tiempo de la calle de en medio, el sector tecnológico y de la formación, donde llevaba unos años ejerciendo y me estaba decepcionando, desencantando y aburriendo.

Y empezamos a laborar. Aunque se me había expresado por activa y por pasiva que la situación económica y financiera estaba muy bien y mi trabajo era fundamentalmente organizativo y comercial, dado que durante un tiempo asumía la corresponsabilidad de la gestión, me gustaba y me gusta saber de primera mano como están los gastos, los dineros y el patrimonio. Mi sorpresa fue mayúscula; lo que me encontré era un marco mercantil totalmente diferente (me vendiste la moto). Cierto es que se habían dado beneficios desde hace muchos años (ahí no me engañaste, amigo) y entregados sustanciosos dividendos, pero cuando analizo determinados activos del negocio intuyo que estaban sospechosamente sobrevalorados; anualmente se había actualizado el dato contable por encima, incluso, del valor de mercado, sin dotar provisiones por depreciación y generando unas sensibles minusvalías o pérdidas encubiertas. Me voy a la firma de auditoría y no me satisface su respuesta. Como no era especialista en la valoración de los activos específicos de ese negocio, solicito informe a experto independiente de reconocido prestigio en el sector. Realizo un esfuerzo extra y elaboro unos estados contables con los nuevos datos, los cuales los someto a una verificación externa por una firma auditora independiente.

La situación económica (costes), financiera (tesorería) y comercial (gestión de las ventas) detectada fue brutal. Conocida la situación por los accionistas (numeroso grupo de pequeños inversores), éstos no se lo creían. Los miembros de los anteriores consejos de administración, responsables de lo detectado, solicitaron comisiones de investigación y nuevas auditorías externas e intervenciones de cuentas. La reacción era, hasta cierto punto, lógica y normal, dadas las circunstancias. Digo ¡hasta cierto punto!, porque entiendo que cuando al inversor se le toca el bolsillo pues se revuelve como gato panza arriba y busca opciones y alternativas para recuperar su inversión (da igual que estas acciones rayen la alegalidad); pero me cuesta digerir las presuntas maniobras orquestales en la oscuridad de miembros de los anteriores órganos de administración y de dirección, justificando lo injustificable. Desgraciadamente para los sufridores accionistas, hasta “la cuenta de la vieja” nos daba la razón. La Administración Pública fue perceptible y ayudó, dentro de sus límites, pero fue el accionista el que sufrió las consecuencias, arrimó el hombro y verificó con lupa el duro plan estratégico de saneamiento que propició un futuro esperanzador (no se llegó a una quiebra oficial). Los resultados están ahí.

Bien, y en relación a la presunta estafa filatélico-financiera, escucho muchas cosas que puedo entender, sobre todo que los afectados se revuelvan como gato panza arriba para conseguir recuperar la inversión que hicieron de sus excedentes productivos, en algunos casos, generados en toda una vida de ahorro. Lo que no entiendo y me cuesta digerir es que un Gobierno “liberal”, movido por no sé qué intereses (¿los 400.000 x 2,5 = 1.000.000 de potenciales votos?) diga que creará un fondo y que dará apoyo financiero a los afectados (espero que, en todo caso, sólo a los que estén en una situación extrema); o que una oposición “conservadora” vaya en una línea similar diciendo que es el Estado el responsable de la situación y debe asumir sus responsabilidades ¿dónde está el “laissez faire” de los fisiócratas del siglo XVII contra la interferencia del Gobierno en el Comercio?; o que compare este fraude con el de la PSV (la connotación social y política de la fiasco de la PSV para mí sí es evidente), y no se remueve el pasado reciente (por ejemplo, Economía y la CNMV desatendieron en 2002 una denuncia para regular el sector, alegando que no podían controlar sociedades que no venden productos financieros).

Y también, desgraciadamente, tengo afectados en mi ámbito familiar (algunos, a los que quiero, leerán este post). Rememoro la respuesta que le hice a uno de ellos en el año 2002: “mira, no sé, me cuesta creer que un producto financiero ofrezca un rédito tan importante y el resto de los productos de la Banca estén muy por debajo (estaba equivocado entonces, no era un producto regulado por el Banco de España) “ Periódicamente le abonaban los intereses en su cuenta y recibía flamantes catálogos e información corporativa y reconozco que en alguna comida familiar tenía que agachar mis orejas ante la entonces “maldita evidencia” (hoy "ficticia evidencia" ) que le ha perjudicado (lo siento amigo, eran los ahorros de toda una vida, lo sé ).

Sí tengo que evidenciar en este foro la excesiva lentitud con la que se sigue moviendo la Administración ante flagrantes desajustes patrimoniales y lo rápido que se emiten notificaciones y sanciones al autónomo de turno –pequeño empresario- por un presunto desajuste en las declaraciones de módulos o la no presentación de un modelo 110 por no haber retenido ese trimestre; habría que explicarles la importancia del 20/80. Cuando digo Administración Pública, no sólo hablo de la Hacienda, sino, también, de otros Ministerios y Consejerías, del Registro Mercantil y de la necesaria e importante labor de las auditorías externas: tengo interés especial por leer los informes de auditoría de los últimos cinco años de Afinsa y Forum para ver qué decían de esa sobrevaloración de los activos, ya que si la OCU y varios periodistas lo demostraron, un experto auditor seguro que también y mucho antes, a no ser que sus opiniones se encuentren selladas. Saludos.

(Formato de texto cambiado posteriormente. Fuente de la Imagen: sxc.hu).