jueves, 25 de agosto de 2016

El coste de ser justo en la gerencia

En el texto “Elijo ser bueno”, apuntaba que no sabía si realmente soy bueno pero, en todo caso, elijo ser bueno. A la pregunta de por qué debía ser bueno, respondí porque quiero al proyecto en el que estoy y, por tanto, a sus colaboradores, clientes, proveedores, accionistas y resto de terceras personas e instituciones, lo que a su vez deriva en que deseo beneficiarlo y generar expectativas sólidas de presente constructivo y futuro proactivo, construido todo a partir de una dirección justa (Fuente de la imagen: pixabay). 

Pienso que en la dirección empresarial, ser bueno es sinónimo de trato digno a los miembros internos, escuchar a los colaboradores y decidir en base a proporcionados y fiables datos. Seis años después, sigo estimando que en este ajustado e impredecible mundo económico y financiero, siendo bueno es difícil cosechar reconocimientos ya que, en general, el bueno es estrujado, manipulado, estafado, silenciado por el malo. En definitiva, ser bueno tiene su coste. 

Si bien un directivo bueno suele tener el respeto de su gente, parece como si controlaran menos, no fueran capaces de establecer escarmientos o que su poder efectivo se diluye en su bondad, provocando ninguneo por sus superiores y terceros. De cara a la galería, da la impresión que en estos perfiles no conjugan bien el respeto y el poder. Estimo que se le debería dar más importancia a la ética y la moralidad, de forma que aquellos líderes que elijan ese difícil camino, se sintieran gratamente apoyados y, si procede, recompensados profesional y socialmente.

miércoles, 24 de agosto de 2016

En qué capítulos recortar

Hace unos años, apuntaba Barack Obama la necesidad de recortar el gasto público para poder impulsar la economía, en vez de incumplir con los pagos de la deuda pública (publicado en The Economist, Cut or loose), es decir, el presidente estadounidense, en línea con Gran Bretaña y el Banco Central Europeo, piensa que la austeridad puede impulsar el crecimiento, puesto que una reducción de las tasas de interés consecuencia de una bajada de la probabilidad de incumplimiento de los pagos, junto a la expectativa de menores impuestos en el futuro, impulsaría la inversión.

Me quedo con el verbo “puede”, es decir, estar en condiciones de que se dé lo que se procura, pero en mi opinión no se tiene la total certeza de que se vaya a producir lo que se pretende ¿no te parece? Dando por hecho que el que presta quiere cobrar sus intereses y que se le devuelva lo prestado, y dejando a un lado ¿Quién es el que presta y en qué condiciones? desde hace un tiempo, no tengo tan claro que esa política propugnada por Obama, la UE y Gran Bretaña, sea válida. Si la damos por efectiva, el siguiente paso es preguntarse qué capítulos del presupuesto público deben ajustarse y qué otros, como garantía de futuro del país en crisis, no sólo no deben recortarse sino, en determinados casos y momentos, incrementarse (fuente de la imagen: pixabay).