domingo, 23 de julio de 2017

Serpiente de verano del curriculum "sinsin"

En la semana que hoy termina, he estado leyendo publicaciones en mi país sobre el curriculum vitae ciego, anónimo o, como me gusta denominarlo: “sinsin”, de “sin datos identificativos, sin foto, sin edad, sin sexo…” Artículos como “El Gobierno impulsa el currículum vitae anónimo” (ABC), “El Gobierno y 78 grandes empresas en busca del 'currículum...” (20minutos.es), “LG se suma al proyecto del Gobierno 'Currículum Vitae Anónimo'” (Ediciones Raje), ¿Qué es el currículum ciego? (Cadena SER), “El currículum anónimo o cómo contratar solo por los méritos” (La Verdad), “La Cámara de Huesca y Fundesa apuestan por el curriculum vitae...” (Ecodiario), “MUTUA MADRILEÑA se suma al Proyecto Currículum Vitae Anónimo” (inese)… son ejemplos de este presumible "machaqueo" informativo. No sé si esto del curriculum ciego es otra tormenta de verano, como el recurrente tema veraniego en España de Gibraltar, pero lleva toda la pinta. 

Si eres follower de este sitio, sabes que en más de una ocasión he escrito sobre esto de los historiales profesionales y los currículos. Textos como “Tarjeta blogosférica” o “Curriculum exprés”, son buena prueba de ello. En “Multipotencialidad / Multipotentialite”, incluso te apuntaba la idea de Jessica Butcher, que escribía en Financial Times, bajo el título My messy CV shows a little knowledge can be far from dangerous, donde mantiene la tesis que comparto, de que las personas que han hecho muchos bolos laborales, empresariales o profesionales, se encuentran más proclives al cambio y los intervalos de uno a tres años en un proyecto o, incluso, simultaneando varios proyectos, es de lo más habitual, sobre todo a los que laboramos en sectores como la tecnología, las finanzas o el marketing. De alguna forma, esa trayectoria hay que reflejarla en el curriculum ¿No te parece?

Por otro lado, eso de estudiar hasta los veinte y pico ya es historia. Ahora a reciclarse durante toda la vida. Según Jessica, todo este planteamiento o enfoque curricular, ese aprender continuo, aceptación del cambio, adaptación a los distintos entornos que se nos van presentando, facilitación del intercambio de conocimiento… se conoce como “multipotencialidad” (multipotentialite). Por eso, hay que estar formados e informados y tener especial cuidado a la hora de escribir sobre curriculum e historiales. En línea con lo que te dejaba entrever en el texto “Cultura de semejantes”, entiendo que la información del documento que se presenta a una oferta de trabajo deberá encuadrarse dentro de los fines y objetivos de la institución que selecciona. Es decir, que si la entidad está buscando un recién graduado para formarlo adecuadamente desde el principio, obviamente, el factor “licenciatura” junto a la "edad" o "inexperiencia" pesan a la hora de evaluar el perfil.

Ciertamente, rechazar de plano un currículo por razón de edad, sexo… parece que está a la orden del día, como la Vida misma. Portales dedicados a la gestión de la selección, posibilitan a los seleccionadores en columnas diferenciadas, esos datos, de forma que con un sencillo "clic" puedan eliminar al candidato sin tan siquiera visitar su historial profesional. Tengo mi información, más o menos actualizada, en Infojobs desde tiempo inmemorial (que, por cierto, cuando me tecleas en Google, Manuel Velasco Carretero, ahora sale mi perfil público en Infojobs de los primeros resultados de búsqueda), y he sido usuario también como entrevistador, por lo que sé un poco de lo que estoy escribiendo. Reconozco el fastidio o frustración cuando te quitan de en medio sin mirar el resto de la información, pero lo prefiero, aunque también me gusta “al pan pan y al vino vino”, en el sentido de expresar bien las especificaciones del puesto, para que ni candidato ni seleccionador pierdan tiempo y dinero.

En mi caso, incluso recientemente me han llegado a criticar que ponga las notas de los últimos estudios reglados (Derecho), comentarios que respeto pero que no comparto. Indudablemente, para el que no sepa cuál es mi objetivo, puede pensar que me paso tres pueblos, y lo entiendo. El fin no es otro que trabajar la “marca personal” en general y la “solvencia técnica” en específico (y si hay alguien que se pique, pues “ajos come”). Necesito que el evaluador del itinerario formativo y personal o el potencial cliente o contratador de mis servicios, si lo desea, pueda profundizar, para hacerse una composición lo más acertada del perfil real y si me llama para una entrevista, de cara a una posible colaboración (como profesional, como trabajador, como socio…), ya ha podido investigar previamente mi “solvencia técnica”. Cuestión aparte es que también me gusta dejar entrever, incluso, mis “tonterías” (que se pueden detectar fácilmente a través de los escritos lúdicos que publico), porque entiendo que mi ser está conformado por un yin y también un yang, y, reitero, que ni el contratador-seleccionador-ofertante ni el candidato u optante a proveedor del servicio profesional o laboral, están para ser hipócritas o insinceros ni para perder tiempo y dinero.

Como conclusión, cuestionar la presunta culebra de verano de los “curriculums ciegos”, compartiendo la idea en el ámbito del empleo público, pero teniendo mis reservas en el ámbito privado, puesto que el quid de la cuestión no se encuentra en las interdicciones o censuras, sino en el “respeto” al candidato o candidata y en una "especificación clara y completa" del trabajo o la colaboración que se oferta, puesto que de nada sirve que no aparezca mi edad o mi sexo si, luego, aunque sea preseleccionado en una primera fase, el sentimiento de rechazo se siga ejerciendo veladamente. Es una cuestión de "cultura empresarial" y de "conciencia social", no de modas, tormentas o serpientes, propagadas con presunto y cuestionable interés político, presumible manipulación mediática derivada de lo anterior o maliciosa búsqueda del efecto contrario, en el sentido de "alevosía" ante el género o la edad (fuente de la imagen: pixabay).

sábado, 22 de julio de 2017

El inmenso robot y el insignificante humano

Hace casi dos años, en el texto “Aprendiendo a programar”, te escribía sobre Scratch, que además de lenguaje de programación es una comunidad en línea promovida por el Grupo Lifelong Kindergarten, del Laboratorio de Medios del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que se ofrece para ayudar a los jóvenes a aprender a pensar creativamente, razonar sistemáticamente y trabajar colaborativamente. Se lo comenté al peque y se apuntó a la comunidad del MIT, realizando algunas prácticas, que también te trasladé en ¿Un gato que baila?.

Y en este mes ha participado en un curso sobre robótica, impartido por el ingeniero Manuel en Yoitec, interesante proyecto pedagógico, fruto de años de reflexión acerca de “las causas por las que la vocación técnica y científica en nuestros jóvenes se ha visto tan mermada, paradójicamente, en este momento en el que la tecnología está presente en todos los aspectos de nuestra vida personal, profesional y empresarial”. En la actividad formativa, el querubín ha construido robots, aprendiendo a programarlos para que esos artilugios interaccionen con el entorno, utilizando lenguajes de programación intuitivos de última generación, similares a Scratch.

Te cuento lo anterior porque, como colofón a esa actividad robótica extraescolar y veraniega desarrollada en julio, la tarde de ayer la pasamos en el Parque de las Ciencias de Andalucía, ubicado en Granada (España), visitando la exposición temporal “Robots. Los humanos y las máquinas”. Te dejo una foto en el encabezado, con un inmenso robot y un insignificante humano (fuente de la imagen: rvs). La muestra es una coproducción internacional entre el Museo federal de la Industria y el Trabajo de Alemania (DASA) y el Parque de las Ciencias, que aborda un tema de enorme calado y actualidad con grandes implicaciones en campos que van desde la vida cotidiana a la economía mundial, la industria, la investigación, el transporte o la salud.

Casi un centenar de objetos, piezas históricas y robots narran la historia de la relación hombre-máquina desde las herramientas de la Edad de Piedra hasta los implantes artificiales que en la actualidad sustituyen a órganos humanos como el corazón, o los cambios radicales que implica la industria robotizada. La muestra cuenta con la colaboración de más de 60 museos y entidades diversas, y el patrocinio de la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología. En resumen, si te gusta la robótica, puedes y te apetece, no dejes de visitar la exposición, que estará abierta al público hasta el ocho de enero de 2018.